Un cambio de nombre, anunciado desde el estrado

El presidente Donald Trump dijo el martes ante la Asamblea General de la ONU que Estados Unidos dejará de llamar a la tecnología inteligencia artificial. “A partir de este momento, todos los documentos de Estados Unidos y ojalá los del mundo se cambiarán para usar el término mucho más exacto de super en lugar de artificial”, afirmó. “Así que es superinteligencia”.

Su razón declarada es el adjetivo. El uso de la palabra artificial, dijo, hace que la inteligencia suene falsa, y no lo es. “Bienvenidos al nuevo mundo de la superinteligencia, SI”, dijo a la Asamblea.

La parte que no va de vocabulario

El cambio de nombre llegó unido a una posición política. Trump afirmó que Estados Unidos rechaza cualquier intento de construir un mecanismo globalista para controlar la tecnología, según Ynetnews, que recogió sus palabras desde Nueva York. Añadió que no va a ahogar el crecimiento de algo que espera que sea mayor que la Revolución Industrial y que la propia internet.

Un micrófono en un atril de una sala de conferencias
Dijo que la palabra artificial hace que la tecnología suene falsa. Imagen ilustrativa. Nacho Gomez · pexels · Pexels License

Planteó la competencia en términos absolutos. “Quien gane la superinteligencia, gana”, dijo. “Ese es el grupo que gana. Y ahora mismo vamos por delante de China por mucho y de todos los demás”.

Lo que un cambio de nombre puede y no puede hacer

Un presidente puede cambiar el vocabulario del poder ejecutivo. Las agencias federales escriben siguiendo manuales de estilo, y esos manuales obedecen instrucciones. Lo que el cambio no toca es el cuerpo de leyes y normas ya escrito en torno al término existente: estatutos estatales, pliegos de contratación, el Reglamento de IA de la UE y el trabajo de normalización que lo referencia, y todo instrumento internacional que use “inteligencia artificial” como expresión definida.

La terminología tampoco es neutra aquí. “Superinteligencia” tiene un significado concreto en la literatura técnica y de seguridad: un sistema que supera la capacidad humana en prácticamente todos los ámbitos, algo que ningún sistema desplegado es. Aplicar la palabra a los sistemas actuales por decreto borra una distinción de la que dependen los investigadores de seguridad, y los reguladores que los leen.

Una pila de documentos oficiales impresos sobre un escritorio
Un cambio de nombre llega a los manuales de estilo, no a las leyes ya escritas. Imagen ilustrativa. cottonbro studio · pexels · Pexels License

La semana que lo rodea

El discurso cae en una quincena densa de posicionamiento estadounidense. Trump dijo el 19 de septiembre que crearía una “Fuerza de IA” a imagen de la Fuerza Espacial y nombraría un zar de la IA. Días antes, el propio panel científico independiente de la ONU sobre IA advirtió de que el modelo tradicional de salvaguardas se está deshaciendo. Entretanto, Washington ha propuesto a Pekín un sistema de alerta de incidentes de IA, y ambos gobiernos acordaron abrir un diálogo sobre la tecnología.

Rechazar la gobernanza centralizada desde el estrado de la Asamblea General mientras se propone un canal bilateral de incidentes con China no es una contradicción, pero sí una elección: cooperación acordada de Estado a Estado y no a través de la institución a la que se dirigía.

Qué vigilar

Si el cambio se emite como instrucción escrita —una orden ejecutiva o una directiva de estilo para las agencias— o se queda en una declaración desde un atril. Esa es la diferencia entre un cambio de marca y una norma. Conviene vigilar también si los documentos federales sobre IA, desde los anuncios de contratación hasta los organismos de normalización en los que participa Estados Unidos, cambian realmente las palabras que emplean.