Ya está arriba
El primer equipo del Proyecto Suncatcher de Google alcanzó la órbita el 1 de octubre a bordo de un cohete de SpaceX. El prototipo, del tamaño de una nevera y construido con la empresa de imágenes satelitales Planet, lleva cuatro unidades de procesamiento tensorial de Google. NPR informó de que los chips ejecutarán una versión del modelo de pesos abiertos Gemma para responder consultas sencillas, en tandas de quince minutos, por el calor.
Esa limitación es la noticia. En la Tierra un centro de datos evacua el calor al aire o al agua. En el vacío no hay adónde evacuarlo, así que los chips funcionan, se calientan y paran. Travis Beals, responsable del proyecto, dijo a NPR que los radiadores están entre los componentes más pesados de la nave, lo que es un problema de coste directo: cuanto más pesa la carga, más cuesta lanzarla.
Para qué sirve la misión
El satélite está en una órbita heliosíncrona en la que sus paneles casi nunca quedan en sombra, lo que elimina la necesidad de baterías pesadas. Planet pondrá la nave en servicio y después Google encenderá y probará las TPU. La misión debe durar un año y mide supervivencia más que rendimiento: si unos aceleradores diseñados para un edificio climatizado soportan las cargas del lanzamiento, la radiación y los ciclos térmicos.

Para el año que viene están previstos dos satélites más que probarán los enlaces láser entre naves, imprescindibles para cualquier agrupación real. El estado final que Google ha esbozado son grupos de satélites con decenas de TPU cada uno, comunicándose entre sí y con tierra mediante láser.
La economía que nadie ha resuelto
Beals fue inusualmente directo con NPR sobre el coste. Dijo que no ve el cómputo espacial más barato que el terrestre en los próximos cinco años, y que llevará más tiempo. También dijo que no espera que los centros de datos orbitales sustituyan a los terrestres durante mucho tiempo, y que algunas cargas tendrán más sentido en cada sitio.

Brandon Lucia, catedrático de ingeniería eléctrica e informática en Carnegie Mellon, planteó a NPR el problema del mantenimiento con claridad: cuando algo falla en un centro de datos terrestre entra un técnico, y en órbita el coste y la complejidad de cada tarea así se multiplican por diez o por cien. TechCrunch, al informar sobre un artículo de Google previsto en Joule, dijo que el modelo implica unos 1.800 lanzamientos de Starship en la próxima década para acercar el coste de lanzamiento a 200 dólares por kilo en 2035, el punto en que las cifras de Google igualan a las terrestres.
Qué observar
La primera telemetría publicada: cuánta potencia entregan de verdad los paneles, a qué temperatura funcionan los chips y si quince minutos resulta optimista. Si la misión de enlaces láser de 2027 mantiene su fecha. Y si alguien ajeno a Google y SpaceX modela la cadencia de lanzamientos de forma independiente, porque una fecha de paridad que depende de 180 vuelos de Starship al año es una afirmación sobre cohetes, no sobre chips.