Una norma sobre responsabilidad, no sobre herramientas
El Ministerio de Ciencia y TIC de Corea del Sur ha aprobado una guía de ética en el uso de IA para la investigación y el desarrollo nacionales, tras la revisión y el visto bueno del comité directivo del Consejo Asesor Nacional de Ciencia y Tecnología. El principio rector es estrecho y claro: en la investigación con fondos públicos el papel de la IA se limita al de herramienta, y la responsabilidad y los derechos sobre el resultado final recaen en el investigador.
Eso es una postura, no una perogrullada. Descarta la excusa de que el error lo cometió el modelo y mantiene la autoría y la rendición de cuentas ligadas a una persona.
Siete requisitos
La guía establece siete, según Digital Today. El investigador debe verificar por sí mismo los errores, los huecos y la fiabilidad de las fuentes que genere la IA. Debe revisar la salida con su propia pericia en lugar de aceptarla. Debe declarar el modelo, su versión, la finalidad y el alcance del uso.

Debe poder explicar cómo se produjo un resultado asistido por IA. Debe cumplir las normas de su institución. No debe introducir información personal en servicios de IA externos y debe usar herramientas aprobadas por su centro. Y los evaluadores deben valorar el material presentado sin recurrir en absoluto a servicios de IA externos.
La regla que sostiene todo lo demás
Seis de las siete reformulan el juicio profesional en un contexto nuevo. La tercera hace algo que las otras no: convierte el modelo y la versión en parte del expediente.
Importa porque un resultado obtenido con una versión de un modelo no es reproducible con otra, y porque los fallos que enumera el ministerio —información inexacta, sesgo replicado, fuga de datos personales o de seguridad, citación confusa— dependen de la versión. Sin esa declaración, quien lee no puede saber cuál de esos riesgos se aplicaba.

El veto en la evaluación
La séptima regla es la más estricta. Quien evalúa propuestas de I+D nacional no puede pasar el material por un servicio de IA externo. La preocupación no es solo el criterio, sino la confidencialidad: una propuesta inédita pegada en un chatbot comercial ya ha salido de la institución.
Qué viene ahora
El ministerio prevé distribuir la guía y materiales explicativos a los centros de investigación, ofrecer listas de autoevaluación y crear formularios de declaración del uso de IA en los informes de I+D. Ahí es donde esto se vuelve real. Un principio en un documento de orientación es un consejo; una casilla en un informe obligatorio es un registro auditable, y el punto en el que el investigador debe comprometerse por escrito con lo que hizo la máquina.