«No, no tengo ninguna»
El presidente Donald Trump afirmó el jueves que no le preocupa que la inteligencia artificial conduzca a la extinción humana y que lo que le inquieta es perder la carrera de la IA frente a China. Cuando los periodistas le preguntaron, al salir de Dallas, si le preocupaba que la IA pudiera provocar la extinción de la humanidad, Trump respondió: «No, no tengo ninguna», informó Gizmodo, a partir de una información de Bloomberg.
«Me preocupa que, si no ganamos en IA, nos veamos en una posición muy mala», dijo. «Ahora mismo le llevamos a China una ventaja bastante buena, yo diría que de un año, lo cual, ya saben, se considera mucho».
Gizmodo señaló que Trump ha firmado numerosas órdenes ejecutivas destinadas a recortar la regulación de la IA y acelerar su desarrollo en nombre de la seguridad nacional y la competitividad económica. La respuesta encajaba con ese enfoque, y llegó en una semana en la que las advertencias sobre riesgos catastróficos procedían del interior de las propias empresas que desarrollan la tecnología.
Las advertencias sobre las que le preguntaron
The Next Web recogió varias de ellas. Jacob Coxon, investigador de preentrenamiento en Anthropic, dimitió y escribió en X que las empresas estaban «corriendo directamente hacia una superinteligencia que se mejora a sí misma». Evan Hubinger, que dirige la ciencia del alineamiento en Anthropic, situó por encima del 10 % el riesgo de que la IA cause la extinción humana en el plazo de una década.
En OpenAI, Marcus Williams, que trabaja en supervisión de la seguridad, cifró el riesgo en un 70 % en tres años si no hay regulación, y Julie Steele, del equipo de preparación, escribió: «tenemos que frenar». The Next Web precisó que se trataba de declaraciones individuales en redes sociales, no de una carta coordinada.

El Congreso y Bruselas lo ven de otro modo
La respuesta de Trump se aleja de las propuestas que circulan en el Congreso. Los congresistas Jay Obernolte y Lori Trahan propusieron en julio la FRONTIER Act, y el senador Bernie Sanders y el congresista Greg Casar han presentado una Ban Artificial Superintelligence Act (ley para prohibir la superinteligencia artificial), según The Next Web. En Bruselas, la responsable de tecnología de la UE, Henna Virkkunen, afirmó que «de verdad hacen falta normas globales».
Los líderes de los laboratorios movieron ficha al día siguiente. El 12 de septiembre, el consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, publicó un ensayo en el que pedía a los laboratorios de frontera que ralentizaran el ritmo al que mejoran las capacidades de la IA. Sam Altman dijo que OpenAI estaba de acuerdo y que adoptaría la propuesta de Amodei de contar con evaluadores independientes con un acceso similar al de un empleado, y Elon Musk escribió que «Dario tiene razón», informó Yahoo News.
Eso deja una alineación insólita: los responsables de los tres laboratorios estadounidenses más destacados defienden públicamente un ritmo más lento, mientras el presidente sostiene que la prioridad es mantenerse por delante.

La cumbre con Xi
Las declaraciones sirven de telón de fondo para las conversaciones con China. Trump tiene previsto reunirse con el presidente chino, Xi Jinping, en Washington en lo que resta de septiembre, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, encabezará las discusiones sobre la gobernanza de la IA, según The Next Web.
El plan de Amodei depende precisamente de ese tipo de canal. Su tercer paso pide que los gobiernos democráticos coordinen el ritmo de desarrollo de la IA con los autoritarios, incluida China.
Qué hay que vigilar
La cumbre es la prueba concreta. Si la seguridad de la IA figura en sus conclusiones como materia de cooperación con Pekín y no solo como una carrera, supondrá un cambio respecto a lo que Trump dijo en Dallas. Si no es así, la presión para frenar recaerá sobre el Congreso y los propios laboratorios.